Con tantas cosas que han pasado en mi vida durante los últimos cinco meses, siento que he estado viviendo un aprendizaje constante. Ha sido un camino intenso, lleno de cambios, emociones y momentos que me han dejado profundamente agotada.
Y hoy, después del terremoto ocurrido en Venezuela, sentí la necesidad de escribir sobre lo frágil e impredecible que puede ser la vida.
Vivimos dando muchas cosas por sentadas. Hacemos planes, posponemos abrazos, dejamos palabras sin decir, creyendo que siempre habrá otro momento. Pero la verdad es que nadie sabe qué puede ocurrir en los próximos cinco minutos.
Esta noticia me hizo recordar uno de los dolores más grandes de mi vida: la pérdida de mi papá.
Sé que no existe comparación posible entre mi historia y la tragedia que hoy viven tantas familias tras el terremoto en Venezuela. Cada duelo tiene un rostro, una historia y un dolor diferente. Pero inevitablemente mi corazón volvió a aquel momento en el que tuve que despedirme de mi padre.
Recuerdo lo devastador que fue. Lloré incontables veces, sentí rabia, me perdí a mí misma, incluso lastimé a personas que amaba porque la tristeza habitaba cada rincón de mi corazón. En ese momento era imposible imaginar que algún día ese dolor podría transformarse.
Pero el tiempo, acompañado de mucho amor, paciencia y trabajo interior, fue haciendo su parte .
Paso a paso, ese duelo dejó de ser solo una herida para convertirse también en una fuente de luz. Gracias a ese proceso conocí versiones de mí que antes parecían inalcanzables. Aprendí a abrazar mis emociones sin juzgarme y entendí que sanar no significa olvidar, sino aprender a amar incluso aquello que nos rompió.
También tuve la fortuna de contar con personas muy especiales que jamás soltaron mi mano cuando yo sentía que no podía seguir. Mi red de apoyo me ayudó a cambiar la forma en la que veía la vida y, sobre todo, la forma en la que me veía a mí misma.
Hoy quiero recordarte algo que también necesito recordar.
La vida es inmensamente hermosa cuando aprendemos a habitarla desde nuestro centro más consciente, más amoroso y más presente. Pero también es frágil. A veces nos rompe de maneras que jamás imaginamos, y aunque duele profundamente, en medio de esos pedazos también nace nuestra versión más auténtica.
Sé que cuando el dolor está presente cuesta muchísimo verlo. Las preguntas pesan más que las respuestas y el corazón solo quiere entender por qué.
Sin embargo, aceptar aquello que no podemos cambiar y confiar, con el tiempo, en que incluso los momentos más difíciles pueden traer un propósito para nuestro crecimiento, puede hacer la carga un poco más ligera. No elimina el dolor, pero sí puede aliviar la culpa, la resistencia y el miedo con los que muchas veces caminamos.
Y este no es solo un recordatorio para ti.
También lo es para mí.
La vida cambia constantemente. Nada permanece igual para siempre. Por eso, aunque a veces no entendamos el camino, sigamos confiando en nuestro proceso. Busquemos la manera de acercarnos más a Dios, de escuchar nuestra alma y de recordar que nunca caminamos completamente solos.
Si hoy estás atravesando un duelo, una pérdida o un momento difícil, deseo que estas palabras te abracen un poquito.
Y si hoy tienes la oportunidad de decir "te quiero", de pedir perdón, de agradecer o de abrazar a alguien que amas, hazlo. No esperes al momento perfecto. La vida sucede ahora.
Con todo mi cariño,
Maricarmen Duno
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Gracias, Gracias porque en medio de esta tormenta nos alientas para no olvidar nuestra luz.